Educación ambiental en Pichanaki: los niños descubren el mundo de las aves
Como parte del proyecto ConBosque, los participantes, con el acompañamiento de Envol Vert, siguen desarrollando actividades que buscan conservar el bosque a través de la ciencia participativa y alternativas económicas a la deforestación. Desde el inicio del año escolar, los centros poblados de San Luis Alto Ipoki, La Nueva Florida y Ayte, en Pichanaki (Junín), son escenario de una estrategia de educación ambiental que avanza mes a mes con niñas y niños de primaria y secundaria.
Un enfoque educativo integral
Los primeros talleres de este segundo año de formación estuvieron dedicados a los servicios ecosistémicos del bosque: qué ofrece el bosque a quienes lo habitan, desde el agua que se bebe hasta el aire que se respira, pasando por los alimentos y la regulación del clima local. En abril, la mirada se posó sobre el agua misma: los ríos, las lluvias y el ciclo hidrológico que hace posible la vida en los ecosistemas tropicales. A través de recursos audiovisuales y discusión guiada, los niños comenzaron a entender el bosque no como un telón de fondo, sino como un sistema dinámico del que forman parte.
Mayo, el mes de los pájaros
Mayo estuvo dedicado a las aves. Con el apoyo de especialistas del Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SERNANP), los talleres llevaron a los niños a observar su entorno con una pregunta concreta: ¿quiénes viven en los árboles que nos rodean? Aprendieron a leer un ave desde una mirada científica, como su anatomía, la forma del pico como indicador de su dieta, su comportamiento, y a comprender su papel ecológico en el equilibrio del bosque: dispersión de semillas, control de insectos, indicadores de salud ecosistémica.
Para llevar ese aprendizaje más allá del aula, se organizaron salidas de avistamiento con binoculares en las zonas boscosas cercanas. Para muchos, fue la primera vez que sostenían uno de estos instrumentos en las manos, y el descubrimiento de poder acercar un pájaro distante con solo ajustar un lente fue, en sí mismo, parte de la experiencia. Cada participante recibió además un cuaderno de ornitólogo/a, una herramienta adaptada al público infantil que les permite registrar sus observaciones de campo y profundizar los conocimientos del taller. En total, 40 niñas y niños participaron en tres jornadas enriquecedoras.
Junio, descubrimiento de la flora
El programa no se detiene. En junio, una nueva salida de campo llevará a los participantes a identificar árboles y plantas medicinales del territorio, registrando sus hallazgos en fichas botánicas que darán forma a un herbario colectivo. En julio, el foco se desplazará hacia la cultura y la memoria ambiental, como los mitos amazónicos, cosmovisión, saberes ancestrales y territorio, con encuentros directos con antiguos de la comunidad, taller artístico, cuentacuentos y caminatas con historia oral. Tras un receso de agosto, el segundo semestre abordará las amenazas al bosque como las actividades humanas, pérdida de biodiversidad y cambio climático. Luego se cerrará el año con una jornada de reforestación comunitaria en la que los niños y niñas asumirán el rol de Guardianes del Bosque.
Un programa que comenzó con la pregunta de qué es el bosque avanza, taller a taller, hacia otra más exigente:
¿Qué podemos hacer para protegerlo?


